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jueves, 10 de marzo de 2016

EL PSEUDO-SÍNODO DE LEÓPOLIS (10.III.1946)

Publicamos hoy, y nos enorgullecemos por ello un interensantísimo artículo del profesor Dr. Pedro Langa, OSA, teólogo, ecumenista y buen colaborador de este blog. Artículo que narra unos hechos que ocurrieron precisamente tal día como hoy hace 70 años.

EL PSEUDO-SÍNODO DE LEÓPOLIS (10.III.1946)

I

LA TERRIBLE VERDAD

Durante los días 8, 9 y 10 de marzo de 1946 –hace ahora 70 años—se escribió en Leópolis (Lviv) una de las páginas más negras que registra la historia del ecumenismo: el pseudo-Sínodo de 1946. Dos autores rusos, Aleksej Judin y Grigorij Protopopov, han escrito del problema. Y muchos más, por supuesto. La Iglesia ortodoxa rusa, que se sepa, nunca ha pedido perdón de aquella terrible verdad por ella perpetrada contra la Iglesia greco-católica de Ucrania. Pero los hechos –se dice- son testarudos. De ahí su evidencia, máxime a raíz de la desclasificación documental del KGB tras la caída de la URSS. Los expertos van cayendo del burro y no les queda más alternativa que, antes o después, admitir los hechos. Los hay que no han necesitado tanto. El pasado 7 de marzo de 2016, por ejemplo, un grupo valiente de cristianos ortodoxos rusos, en gesto que les honra, han hecho público un comunicado cuyo titular en español dice: “Es urgente para los cristianos ortodoxos reconocer la terrible verdad del 10 de marzo de 1946″. En el primer parágrafo refieren las circunstancias históricas así:

”El 10 de marzo de 1946, en Leópolis, la Iglesia ortodoxa de Rusia integró en su seno por la fuerza a la Iglesia greco-católica ucraniana bajo la presión del poder soviético. En el momento en que los participantes en el sínodo votaron el 8 y 9 de marzo por la « reunificación » de su Iglesia al patriarcado de Moscú todos los obispos greco-católicos ucranianos se hallaban en prisión bajo cerrojos. Los 216 sacerdotes y 19 laicos reunidos en la catedral de San Jorge de Leópolis por el NKVD, antepasado del KGB, estaban a merced de un « grupo de iniciativa » conducido por dos obispos ortodoxos, Antony Pelvetsky y Myhailo Melnyk, y por un sacerdote ortodoxo Gavril Kostelnyk. Los archivos revelan que fue Stalin mismo quien decidió la eliminación de esta Iglesia greco-católica ucraniana en febrero de 1945, doce días después de la conferencia de Yalta (4-11/II/1945) tenida en compañía de Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt.” Decidió liquidarla por "aliada del Vaticano", es decir, de una potencia enemiga. ¡Se ve que el rebotado seminarista de Tiflis tenía fantasía!

Uno de los obispos en el pseudo-Sínodo de 1946 en la catedral de San Jorge, Leópolis

El pseudo-Sínodo de Leópolis decidió: 
  1. "Anular las decisiones del concilio di Brest (1596), abolir la unión, anular la dependencia de Roma y tornar…a la santa fe ortodoxa de los padres y a la Iglesia ortodoxa rusa".
  2. "Pedir al santísimo Patriarca de Moscú y de toda la Rus' acoger a la Iglesia greco-católica en el seno de la Iglesia ortodoxa rusa". 
  3. Desunirse (dicha Iglesia uniata) del Vaticano, que "se había puesto totalmente de parte del fascismo sanguinario y había cerrado filas contra la Unión Soviética, la cual... ha salvado a nuestro pueblo ucranio de la esclavitud y de la destrucción". 
No hay la menor duda de que este sínodo fue anticanónico por no haber participado en él ningún obispo (lo hicieron sólo un sexto de los 1.270 sacerdotes). Fue, no obstante, suficiente para acarrear una dura persecución a los creyentes que no aceptaron las deliberaciones. Con el pretexto de ejecutar las decisiones del sínodo de Leópolis, en los tres años sucesivos (1946-1949) se efectuó la destrucción completa de la Iglesia católica de rito oriental en territorio de la URSS. Los obispos fueron arrestados y todas las mansiones episcopales incautadas por agentes del patriarcado de Moscú. El clero, en parte abjuró del catolicismo, en parte fue encarcelado, y en parte entró en la clandestinidad. Todas las iglesias de los católicos (cerca de 3000, que históricamente jamás habían pertenecido al patriarcado de Moscú) fueron asignadas a la Iglesia ortodoxa rusa. Los creyentes –en 1943 eran cerca de 4 millones- en parte comenzaron a frecuentar las iglesias ortodoxas (que eran las mismas frecuentadas antes y allí se celebraban fundamentalmente los mismos ritos, acaso hasta con los mismos sacerdotes); una parte más conspicua se opuso a la nueva situación y continuó viviendo y transmitiendo la propia fe católica en la clandestinidad por más de cuarenta años[i]

”Los historiadores y teólogos serios –reconocen también los firmantes del antedicho comunicado- no expresan duda alguna sobre que el sínodo de Leópolis del 8-10 de marzo de 1946 de la Iglesia greco-católica ucraniana no pasó de ser un simulacro. B. Bociurkiw, profesor de historia en la universidad Carleton de Ottawa, escribió un resumen al respecto que jamás ha sido contradicho[ii]. En carta del 22/II/2006 (fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol) al señor cardenal Lubomyr Husar, arzobispo mayor de Kiev-Halyc, con motivo de “los tristes acontecimientos que tuvieron lugar, al inicio de marzo de hace 60 años, en la catedral de San Jorge en Leópolis”, el papa Benedicto XVI escribía: «en aquellos tristes días de marzo de 1946 un grupo de eclesiásticos, reunidos en un seudosínodo que se arrogó el derecho de representar a la Iglesia, atentó gravemente contra la unidad eclesial. Después, se intensificó la violencia contra los que habían permanecido fieles a la unión con el Obispo de Roma, provocando ulteriores sufrimientos y obligando a la Iglesia a bajar de nuevo a las catacumbas. Pero, aun en medio de indecibles pruebas y padecimientos, la divina Providencia no permitió la desaparición de una comunidad que, a lo largo de los siglos, había sido considerada parte legítima y viva de la identidad del pueblo ucraniano. Así, la Iglesia greco-católica siguió dando su testimonio de la unidad, la santidad, la catolicidad y la apostolicidad de la Iglesia de Cristo»[iii]

Nicolás Lossky, teólogo ortodoxo francés miembro del patriarcado de Moscú, ha reconocido también que se trató de un simulacro[iv]. A causa de su supresión en 1946 y hasta 1989 (tiempos de Gorbachov), la Iglesia greco-católica, con seguridad de más de 5 millones de miembros en Ucrania, devino de hecho, en la principal víctima, pero también la principal fuerza de oposición al régimen soviético dentro de las fronteras de la URSS.[v] También nosotros –siguen diciendo los firmantes del comunicado arriba citado-- apelamos a las autoridades ortodoxas actuales, en Rusia, en Ucrania y otros lugares, a reconocer la nulidad de las decisiones trágicas del concilio de Leópolis. 

La Iglesia ortodoxa de Rusia en su conjunto no puede ser tenida responsable de las decisiones tomadas por las autoridades eclesiásticas manipuladas o aterrorizadas por la NKVD-KGB. Sin embargo nosotros, cristianos ortodoxos, viviendo 70 años después de aquellos acontecimientos, nosotros nos sentimos responsables del silencio culpable que rodea la destrucción de esta Iglesia por el régimen soviético con la participación del patriarcado de Moscú. Sabemos que millones de cristianos ortodoxos en el mundo condenan fuertemente las persecuciones anti-religiosas del gobierno soviético y en particular de José Dzhugashvili (= Stalin). Asimismo, en este día conmemorativo del 10 de marzo de 1946, y en vísperas del domingo 13/III/2016, domingo del Perdón en el calendario litúrgico ortodoxo, nosotros aseguramos a la Iglesia greco-católica ucraniana nuestra solidaridad, nuestra oración por todas las víctimas inocentes de esta Iglesia, que fueron encarceladas, torturadas, deportadas y asesinadas por el gobierno soviético con la complicidad del patriarcado de Moscú. Nosotros les pedimos humildemente perdón por todas las injusticias de las que han sido víctimas bajo la protección de la autoridad de la Iglesia ortodoxa, y nos inclinamos ante los mártires de esta Iglesia greco-católica ucraniana. “

Fr Gavril Kostelnyk, uno de los organizadores del pseudo-sínodo de Leópolis

La Iglesia greco-católica de Ucrania, concluida la unión con Roma y proclamada en el Sínodo de Brest (1596) la “comunión oficial” entre Kiev y Roma, prosperó en los tiempos modernos bajo el carismático liderazgo del venerable metropolita Andrés Sheptytsky, que fue arzobispo de Leópolis desde 1900 a 1944. Los siguientes fueron por este orden: Joseph Slipyj (1944-1984); Myroslav Iván Lubachivsky (1984-2000); Lubomyr Húsar (2001-2005 Arzobispo mayor de Kiev-Halyc); Ihor Vozniak (10/XI/2005, arzobispo de Leópolis); y Sviatoslav Shevchuk, (27/III/2011-- instalado como Arzobispo mayor de Kiev-Halyc). Pastorea unos 6 millones de fieles, muchos de ellos fuera de Ucrania, en América y otros continentes. En la actualidad, esta Iglesia cuenta con 3.240 comunidades parroquiales, 78 monasterios, 755 escuelas dominicales, 12 instituciones educativas, 2721 iglesias (y se están construyendo otras 306), 16 obispos, 1976 sacerdotes, 590 monjes, 729 monjas y 1.298 seminaristas.

Los tristes sucesos aquí referidos, por tanto, se inscriben en el tiempo del famoso Arzobispo mayor Joseph Slipyj (1944-1984), cuando todos los obispos de su Iglesia habían sido arrestados y él mismo estaba en campos de concentración. Como conocí en el Vaticano a este defensor de la unidad, quiero que sea él objeto de un próximo artículo mío al respecto. En la Iglesia ortodoxa rusa estaba de patriarca Alexis I (1945-1970), uno de los titulares sergianistas del patriarcado ruso.[vi] Nada tiene de extraño, pues, que se quedara tan ancho ante semejante atropello ecuménico. No así que lo siga haciendo Kirill, que nada tiene que ver con el sergianismo de sus antecesores, comprendido Alexis II.

Sí me interesa concluir con la declaración del metropolita Slipyj acerca del pseudo-Sínodo de Leópolis, hecha durante uno de los interrogatorios a que fue sometido en Krasnojarsk (junio-julio de 1958). El capitán Batrakov le pidió por qué no reconocía válido el Sínodo de Leópolis tenido en 1946. He aquí su respuesta, firme y rotunda: “En base a las decisiones del Sínodo de Leópolis en 1946, la Iglesia greco-católica ucraniana, de la cual soy yo el Metropolita, fue suprimida y los sacerdotes fueron obligados a unirse al Patriarcado ortodoxo de Moscú. Yo, no obstante, estaba en desacuerdo con tal decisión, así como lo sigo estando todavía, porque la composición del Sínodo no era plenipotenciaria en cuanto que a presidirlo faltaba el Jefe de aquella Iglesia: yo, en aquel momento, o sea en marzo del 1946, estaba en prisión. La ausencia del Metropolita invalida cualquier resolución porque, para deliberar sobre importantes cuestiones eclesiales, es indispensable la presencia del Metropolita. Por tanto, las decisiones tomadas en el Sínodo de Leópolis fueron ilegales y el mismo Sínodo no puede ser considerado un verdadero Sínodo; además, si yo hubiera estado presente, no habría permitido jamás que se llegase a una solución tan absurda. 

-¿Por qué? –intervino el capitán Batrakov. 

– Porque –repuso Slipyj- la Iglesia greco-católica siempre estuvo sometida al Papa y yo, en cuanto convencido católico devoto del Papa, no puedo y no quiero traicionarle en cuanto que justamente él, el Papa, es el único Vicario de Cristo-Dios en la tierra.“ (Choma, Josyf Slipyj, p.34). O sea, que intentaron liquidar la Iglesia greco-católica, pero no consiguieron sino consolidarla en su unidad y darle nuevos mártires de la fe. La sangre de los mártires, lo sabemos bien, hace renacer a la Iglesia. Y en este caso, conviene decirlo alto y claro, mártires del ecumenismo. Lástima que la jerarquía de la Iglesia ortodoxa rusa no haya tenido hasta la fecha la grandeza suficiente de lavar este borrón de sus antepasados sergianistas en 1946. El grupo de cristianos ortodoxos rusos con su comunicado del pasado día 7, sí la acaban de tener. Laus Deo.

La catedral de San Jorge (Leópolis),
en cuyo interior tuvo lugar el pseudo-Sínodo

Bibliografía: 
Notas: 
[ii] Bociurkiw, « Le synode de Lviv », Istina, XXXIV, n°3-4, 1989. 
[iii] « Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI al cardinal Lubomyr Husar, Arzobispo Mayor de Kiev-Halyc (22/2/2006 »: 
[iv] Commission mixte de dialogue théologique entre catholiques et orthodoxes, Catholiques et orthodoxes : les enjeux de l’uniatisme : Dans le sillage de Balamand, Paris, Bayard, 2014. 
[v] Arjakovsky, Antoine, En attendant le concile de l’Eglise Orthodoxe, Paris, Cerf, 2011. 
[vi] Cf. Langa, 223-225. 


Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA
Teólogo y ecumenista





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